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Sueño en los niños

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El recién nacido sano duerme en promedio 16-17 horas diarias, sin diferenciar día y noche. Los ciclos de sueño son más cortos con un promedio de duración de veinte minutos, por lo tanto el recién nacido puede despertarse frecuentemente

*Características del sueño en el niño:

Recién nacido:
El recién nacido sano duerme en promedio 16-17 horas diarias, sin diferenciar día y noche. Los ciclos de sueño son más cortos con un promedio de duración de veinte minutos, por lo tanto el recién nacido puede despertarse frecuentemente, gemir o tener actividad muscular, pero si el ambiente es tranquilo, cómodo y no se le molesta, vuelve a dormirse fácilmente.

Para facilitar las tomas de leche, puede dormir en la habitación de los padres pero sólo hasta los primeros meses, de lo contrario adquirirá un mal hábito.

Tercer mes:
El lactante duerme más tiempo durante el día, todavía puede despertarse varias veces en la noche.

Empieza el cambio de ciclo biológico de 3 o 4 horas (cambio de pañal, comer y dormir) al de 24 horas. Es un momento importante, porque a partir de ahora se deben empezar a establecer las normas. Se darán seis tomas, dos de ellas nocturnas: una a las doce de la noche y otra aproximadamente a las cuatro de la madrugada.

Tres a los seis meses:
Se recomienda que en este período el niño comience a dormir fuera de la habitación de sus padres, esto no sólo es importante para el niño, pues se le reconoce un espacio físico en la familia, sino también para los padres, que así podrán disfrutar de su intimidad.

Duerme unas 15 horas diarias, con un sueño nocturno de 10 – 12 horas.
A partir de esta edad, el bebé ya tiene el ritmo de comidas y sueño establecido, y debería saber conciliar el sueño por si solo. Desde este momento ya es capaz de aprender el hábito de dormir.

Se debe suprimir una toma nocturna y después otra (o dejar solo una).
Después de cada comida (cuatro tomas durante el día) se dormirá. Pero a esta edad la duración de las siestas se irá acortando poco a poco.
Debería acostarse sin llorar.

La cantidad de veces que el lactante se despierta en la noche se relaciona con su edad cronológica, es un fenómeno que tiende a disminuir de los tres a los seis meses para luego volver a incrementarse de los nueve a los doce; este aumento coincide con el período de desarrollo psicosocial en el que se produce la angustia de separación y se puede convertir en un verdadero problema si no se realiza un entrenamiento adecuado. Errores comunes que se cometen en esta fase, por ejemplo dejar la luz encendida y la puerta abierta, le sugieren al niño mensajes como que la oscuridad es mala, peligrosa e indeseable, que los padres no confían en él cuando está solo, que no es tiempo de dormir sino de jugar y que la puerta abierta es una invitación a salir.

Quince meses:
Duerme en promedio 13 horas y media diarias.
Hay un período difícil para el niño, porque dos siestas son demasiadas y una es poco. Normalmente, en uno o dos meses el problema se soluciona solo y se acostumbra a hacer una sola siesta después de comer. Es posible que durante esta etapa el pequeño duerma poco por las noches. Si es así, lo más probable es que las siestas sean excesivamente largas. En ese caso bastará con limitar sus horas de sueño diurno.
Debe recibir cuatro tomas al día. Se debe eliminar la toma nocturna que queda, si no se ha hecho antes.

Tres años:
Duerme 12 horas diarias.
A esta edad ya está totalmente acostumbrado a dormir sólo una siesta, la de después de comer al mediodía.
A medida que domine el lenguaje, intentará aplazar la despedida de la noche con más habilidades (“léeme otro cuento”, “dame otro besito”, “tráeme un vaso de agua”)

Cinco años:
Duerme 10 horas diarias.
Una buena edad para suprimir la siesta.
Si el niño no ha superado sus problemas de insomnio a los cinco años, tiene más probabilidades de padecer trastornos de sueño el resto de su vida.
Es la edad típica en la que aparecen otras alteraciones del sueño, como sonambulismo o terrores nocturnos (el niño se despierta bruscamente gritando y pálido, sin poder reaccionar a las palabras de los padres).

*Consejos para padres para disminuir los problemas del sueño:

El sueño es un hábito y como tal es susceptible de entrenamiento y condicionamiento, los cuales dependen de las normas sociales y familiares. Es importante comprender esto, ya que para la pareja que trabaja de día, la noche puede ser el único momento en que pueden compartir actividades como hablar, escuchar música, ver televisión; que si se realizan en la misma habitación donde duerme el niño, pueden interferir con el aprendizaje de las diferencias entre día y noche; por lo tanto el niño se despertará en forma indiscriminada.

Después de una rutina de preparación para ir a la cama, posterior al baño, se debe acostar al niño despierto sin arrullarlo en los brazos para dormirlo. Los padres no deben estar presentes cuando el niño se quede dormido.

Si el niño se despierta en la noche sin llorar, se debe dejar tranquilo para que se vuelva a dormir. Lo más probable es que esté pasando de un ciclo de sueño a otro. Un error frecuente es prenderle la luz, sacarlo de la cuna, arrullarlo y ofrecerle alimento.

Eliminar gradualmente los alimentos por la noche (los niños mayores de 6 meses reciben suficiente alimento durante el día)

Recurrir a objetos de transición (frazada, osos de peluche) para reducir los sentimientos de separación.

Cuando el niño se pasa frecuentemente a la cama de los padres, debe evaluarse la situación en su contexto para determinar si es producto de la formación del hábito de sueño, angustia de separación, pesadillas, excitación exagerada durante el día, inquietud por muertes recientes o, simplemente, influencia de algunos programas de televisión. Cuando esto ocurre, se debe tranquilizar al niño, luego llevarlo a su habitación, acompañarlo unos minutos y luego dejarlo con la luz apagada.

Que el niño duerma en la cama de los padres ocasionalmente, puede que no genere problemas, pero cuando esta conducta se repite permanentemente puede originar problemas para el niño y la pareja.

Es recomendable tener un horario regular para ir a la cama, pero hay que tener en cuenta las necesidades del sueño individuales, ya que no todos necesitan dormir la misma cantidad de tiempo. Lo importante es que el niño establezca una rutina de sueño que le permita dormir adecuadamente el tiempo que necesite y le posibilite posteriormente, establecer su propio patrón.

Otras recomendaciones generales para dormir mejor son: utilizar la cama para dormir y no para comer, leer o ver televisión; tomar la última comida por lo menos dos horas antes de irse a la cama para evitar el reflujo gastroesofágico, en niños mayores y en adultos. Si se tiene dificultades para dormir se deben evitar bebidas como café, té, bebidas colas y chocolate después de las horas de la tarde, pues su efecto se puede prolongar hasta por seis horas.

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